Prosa satírica

Los mejores libros jamás escritos.

«Estas son mis obras: claro está que juzgará V. Excelencia que siendo stories no me han de llevar al cielo.»

Escritor de profundo aliento senequista, Quevedo es particularmente conocido por sus obras satíricas, que en su época le granjearon l. a. cuota de fama que el respeto de sus textos más serios no le otorgó. Henchidos de un sarcasmo a veces desengañado, como correspondía a su carácter, desfilan por sus textos todas las miserias y necedades de esa parte del género humano que pudo conocer, impregnadas siempre de los angeles agudeza, mordacidad y extraordinaria riqueza lingüística del autor.

Lo demuestra Quevedo: el humor, los angeles sonrisa y hasta l. a. carcajada residen a veces en los matices. Por esta razón, Ignacio Arellano, catedrático de los angeles Universidad de Navarra, ha preparado una edición profusamente anotada, atenta a los detalles que dan los angeles clave para los angeles comprensión de las sátiras. Asimismo, incluye un estudio introductorio y unas actividades finales que complementan los angeles lectura.

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Dios estaba vestido de sí mismo, hermoso para los santos y enojado para los perdidos, el sol y las estrellas colgando de los angeles boca, el viento quedo y mudo, el agua recostada en sus orillas, suspensa l. a. tierra temerosa en sus hijos; y cuál amenazaba al que le enseñó con su mal ejemplo peores costumbres. Todos en normal pensativos: los justos en qué gracias darían a Dios, cómo rogarían por sí, y los malos en dar disculpas. Andaban los ángeles custodios mostrando en sus pasos y colores[553] las cuentas que tenían que dar de sus encomendados, y los demonios repasando sus tachas[554] y procesos; al fin todos los defensores estaban de l. a. parte de adentro y los acusadores de los angeles de afuera. Estaban los Diez Mandamientos por guarda a una puerta tan angosta,[555] que los que estaban a puros ayunos flacos aún tenían algo que dejar en l. a. estrechura. A un lado estaban juntas las Desgracias, Peste y Pesadumbres[556] dando voces contra los médicos. Decía l. a. Peste que ella había herídolos, pero que ellos los habían despachado; las Pesadumbres, que no habían muerto ninguno sin ayuda de los doctores; y las Desgracias, que todos los que habían enterrado habían ido por entrambos. Con eso los médicos quedaron con carga de dar cuenta de los difuntos, y así, aunque los necios decían que ellos habían muerto más, se pusieron los médicos con papel y tinta en un alto, con su arancel,[557] y en nombrando l. a. gente luego salía uno dellos y en alta voz decía: —Ante mí pasó[558] a tantos de tal mes, and so forth. Comenzose por Adán los angeles cuenta, y para que se vea si iba estrecha, hasta de una manzana[559] se los angeles pidieron tan rigurosa que le oía decir a Judas: —¿Qué tal l. a. daré yo, que le vendí al mismo dueño un cordero? [560] Pasaron los primeros padres, vino el Testamento Nuevo, pusiéronse en sus sillas al lado de Dios los Apóstoles todos con el santo pescador. [561] Luego llegó un diablo y dijo: —Este es el que señaló con l. a. mano al que san Juan con el dedo–;[562] y fue el que dio l. a. bofetada a Cristo. Juzgó él mismo su causa y dieron con él en los entresuelos del mundo. period de ver cómo se entraban algunos pobres entre media docena de reyes que tropezaban con las coronas,[563] viendo entrar las de los sacerdotes tan sin detenerse. Asomaron las cabezas Herodes y Pilatos, y cada uno conociendo en el juez, aunque glorioso, sus iras, decía Pilatos: —Esto se merece quien quiso ser gobernador de judigüelos—; y Herodes: —Yo no puedo ir al cielo; pues al limbo[564] no se querrán fiar más de mí los inocentes con las nuevas que tienen de los otros que despaché; ello[565] es fuerza de ir al infierno, que al fin es posada conocida. Llegó en esto un hombre desaforado de ceño[566] y alargando los angeles mano dijo: —Esta es l. a. carta de examen. [567] Admiráronse todos y dijeron los porteros que quién period, y él en altas voces respondió: —Maestro de esgrima examinado, y de los más diestros del mundo–, y sacando otros papeles de un lado, dijo que aquellos eran los testimonios de sus hazañas. Cayéronsele en el suelo por descuido los testimonios y fueron a un tiempo a levantarlos dos diablos y un alguacil[568] y él los levantó primero que los diablos.

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